11/11/2024 (Ciudad de México). En España, en la ciudad de Valencia hubo una enorme manifestación calculada en más de 100 mil personas que exigió la dimisión del presidente de la Generalitat Valenciana, Carlos Mazón. Es por su negligencia antes y durante la catástrofe ocasionada por la “Depresión en Niveles Altos de la Atmósfera” (DANA), que generó las peores lluvias e inundaciones en cuatro décadas, que causaron 222 muertos y 32 desaparecidos en esta región ubicada en la costa levantina mediterránea de España.
Prominente miembro del derechista Partido Popular (PP), Mazón asume plenamente el programa de su formación política. El PP insiste en no hablar del cambio climático, y menos en términos de calentamiento global, calificándolo como una exageración propia del “lobby ambientalista mundial” que sólo trata de frenar la actividad productiva, particularmente en los países de la Unión Europea. Por eso es que, en las elecciones al Parlamento Europeo, que se realizaron en el mes de junio pasado, Mazón apoyó el “escepticismo climático”, que se propuso como objetivo neutralizar la audaz agenda ambiental de los ecologistas europeos, no permitiendo que se tomen medidas contra las industrias que utilicen intensivamente combustibles fósiles (carbón, petróleo, gas).
Hoy Mazón se niega a renunciar a pesar de que se comprobó que, mientras la tragedia se agravaba, él seguía con su agenda ordinaria, tardándose en declarar a la comunidad valenciana como zona de desastre, y sin que tenga ninguna participación en ordenar y menos dirigir las tareas de auxilio a los pobladores afectados. Cuando por fin reaccionó, ya era tarde y por ello la ciudadanía demanda su alejamiento del cargo y que sea procesado judicialmente.
Al otro lado del mundo, en Colombia, donde también se están presentando precipitaciones fluviales extraordinarias, el presidente Gustavo Petro inmediatamente declaró situación de desastre nacional para atender las emergencias naturales que afectan con inundaciones a gran del país, principalmente a las regiones del Chocó, La Guajira y a la ciudad capital Bogotá.
El mandatario dirigió personalmente en Bogotá la sala de crisis del mando unificado nacional de gestión de desastres, tomando también la decisión de cancelar su programado viaje a la Cumbre de Cambio Climático de Azerbaiyán. Argumentó que en este momento la prioridad es auxiliar a la población local, aunque no desmereció la necesidad de que Colombia vaya a Bakú (capital de Azerbaiyán) a dar el debate global, para lo que ha comisionado al Canciller, Luis Gilberto Murillo, y a la Ministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Susana Muhamad.
Petro reacciona rápidamente ante la adversidad climática, ya que él mismo reflexionó en su cuenta de redes sociales, a propósito del desastre ambiental por la DANA y las protestas sociales en Valencia (España), que esas reacciones de protesta ocurren cuando un gobierno se empecina en negar la crisis climática planetaria y subestima la magnitud de las amenazas ambientales.
Así queda planteada la sustancial diferencia entre la derecha escéptica del calentamiento global en su afán de dar seguridad jurídica a las inversiones, y la izquierda ecologista que plantea la necesidad de proteger la vida en el planeta por encima de las consideraciones economicistas. Y eso que existen tendencias políticas peores, como es la ultraderecha abiertamente negacionista del cambio climático, que está convencida de que se trata de combatir a las y los que insisten en hablar de esa crisis. En España están representados por el partido VOX, en Colombia por una parte de los seguidores del ex presidente Álvaro Uribe, y en Estados Unidos por la parte predominante del Partido Republicano y el candidato Donald Trump, que acaba de ganar las elecciones en ese país.
Bien haría la izquierda mundial en aprender de Petro, quien es hoy, sin duda, la más clara expresión de un nuevo tipo de ecologismo social, que en otros lados se llama socialismo ecológico.