04/04/2024 (Ciudad de México). En América Latina, Chile es uno de esos países en que de manera temprana surgió la organización sindical obrera, que gestó en 1909 la “Gran Federación Obrera de Chile”, que en 1919 pasó a convertirse en la “Confederación de Trabajadores de Chile” y en 1953 fundó la “Central Unitaria de Trabajadores” (CUT).
La CUT tuvo un papel destacado durante el gobierno de Salvador Allende (1970-1973) respaldando y defendiendo al presidente socialista. Luego del golpe militar de Augusto Pinochet casi todos sus dirigentes fueron asesinados o tuvieron que salir al exilio, quedando la Central prácticamente disuelta por la represión dictatorial. Se refundó en 1988 siendo parte del triunfo en el referéndum que le dijo NO a la continuidad de Pinochet. Desde entonces ha sido parte del proceso democrático, pero nunca pudo recuperar su enorme capacidad de movilización e incidencia de principios de los años setenta.
Audalia Conde, que forma parte del directorio de la Confederación Nacional de los Trabajadores de la Salud (Confenats), que es parte de la CUT, en contacto con De Raíz se refiere al rol sindical en la coyuntura reciente en Chile: “Las trabajadoras y los trabajadores del país fuimos parte de los seis meses del Estallido Social, de octubre de 2019 a marzo de 2020, cuando nos movilizamos por una Asamblea Constituyente refundacional. Yo estoy segura que otro sería el escenario político en Chile si no hubiera venido la pandemia del Covid”.
Luego de esa pandemia, cuando por fin se hicieron las elecciones presidenciales, el ultraderechista Juan Manuel Kast, del Partido Republicano, ganó la primera vuelta en noviembre del 2021. “Fue un momento en el que la CUT no podía estar al margen, porque somos una organización política y social, representamos a casi un millón de afiliados de los sectores público y privado del país y, como decimos en nuestros Congresos, no caemos en el error de decir que nos da lo mismo quién gobierne el país. Por eso, en la segunda vuelta de diciembre del 2021 apoyamos a Gabriel Boric y logramos volcar el resultado, pero no entramos al gobierno porque debemos preservar nuestra independencia de clase y nuestra autonomía”.
La que se presentó como una nueva izquierda, con liderazgos renovados provenientes de las luchas estudiantiles (el propio Boric, Camila Vallejo y Giorgio Jackson, este último ya defenestrado), que llegó a La Moneda con un discurso ecologista, feminista y favorable a las diversidades, logró al principio despertar mucha expectativa. “Pero se fue apagando por su excesivo respeto a las instituciones establecidas, asumiendo un gobierno en coalición con lo que quedaba de los partidos de la Concertación. Pensábamos que le daría un gran empuje a la Constituyente, pero prácticamente se desentendió de ella y la fue dejando a su suerte porque decía que eran muy radicales los planteamientos al interior de la Asamblea”, apunta Audalia.
Poco a poco se fue dando un deterioro de las relaciones entre el gobierno de centroizquierda de Gabriel Boric y las organizaciones sindicales que le dieron respaldo al principio de su mandato. Conde al respecto sostiene: “Como sindicalistas reconocemos y valoramos los avances en cuanto a la semana laboral de 40 horas y el incremento al salario mínimo nacional, pero es insuficiente porque el gobierno se fue alejando del diálogo con los movimientos sociales por priorizar el diálogo con los empresarios capitalistas y así fue cayendo en la trampa de la derecha en el Parlamento, que frena sus proyectos de reformas y se pone cada vez más agresiva, mientras insisten los portavoces gubernamentales en pedirnos a los sindicatos moderación y paciencia”.
El desgaste en la coordinación con el mundo sindical puede convertirse en ruptura por incidentes como la represión, hace una semana, por la policía de Carabineros contra una comitiva de 30 dirigentes sociales que acompañaban al presidente de la Central Unitaria de Trabajadores, David Acuña, al Palacio de La Moneda a entregar un petitorio. La ministra del Trabajo, Jeannette Jara, que es militante del Partido Comunista, se comunicó de inmediato con Acuña para preguntarle cómo estaba y condenó públicamente la torpeza de los uniformados; otras autoridades sólo dijeron que averiguarían qué había sucedido.
Ante la acumulación de conflictos sociales irresueltos, la CUT ha decidido convocar a un paro nacional para el 11 de abril, que la dirigencia afirma es para emplazar desde el pueblo por verdaderas transformaciones sociales al gobierno y para frenar el avance de la derecha.