octubre 9, 2026
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Las «pruebas» de la derecha contra AMLO: la lógica del delirio

Hombre de traje y lentes caminando en entorno urbano

Es extraña la manera como la gente que está al servicio de la oligarquía mexicana interpreta sucesos triviales y les da una proporción diabólica, retorcida, perversa y casi catastrófica.

Pero más extraordinaria es la insistencia de esas personas que se disfrazan de periodistas y aparecen en televisión, que hablan por la radio, que escriben en los periódicos, que publican en las redes sociales, en creer que su palabra es la ley.

Estas personas piensan que el tiempo no ha transcurrido, que aún son los años cuando gobernaba el PRIAN en México y ellos, los periodistas, eran parte del cuarto poder fáctico.

El cuarto poder que se apagó

Esta gente se llenaba de placer inconmensurable cuando escuchaba que los ciudadanos en sus charlas cotidianas sostenían que lo que estaban diciendo era verdad porque lo escucharon en la radio, lo vieron en la televisión o lo leyeron en algún periódico de circulación nacional.

La prensa probaba su poder cuando se ponían de acuerdo los dueños de los medios para atacar a un funcionario público hasta que lo veían caer. Hasta el presidente de la república le tenía miedo a la prensa, pues le pagaba para tenerla contenta. Mientras más inepto y corrupto era el gobierno, más pagaba; y mientras más dinero recibía, la prensa más callaba o más adulaba al gobierno. Ese era el pacto secreto que ocultaban y que sabían todos.

La cadena rota

En 2018 llegó al gobierno del país un hombre que rompió la cadena de transmisión, que terminó con el pacto de sangre existente. Creó una fuente de información a la que llamó Conferencia Mañanera. Ese hombre, que conocía al dedillo a la prensa mexicana, le quitó a la prensa el poder que tenía sobre la presidencia de México, porque cada mañana informaba a la nación y deshacía las mentiras que la prensa iba construyendo con la intención de doblarlo.

La prensa ha forcejeado ocho años con el gobierno de la 4T y ha sido vencida en toda la extensión de la palabra, al punto de que hoy está catalogada por el ciudadano común como mentirosa, vendida a la oligarquía y entregada al poder de Donald Trump. Los periodistas que antes eran adorados por los consumidores de noticias ahora no pueden asomar a la calle sin sufrir el insulto de la gente de a pie.

El mundo paralelo

Y sin embargo, todos ellos parecen vivir en un mundo paralelo al real, un mundo en el que las cosas suceden según sus deseos: viven en un México en ruinas; son atormentados, perseguidos y asesinados por una tiranía; según ellos, en las calles hay montañas de cadáveres sin identificar; el tirano o la déspota se robó al Instituto Nacional Electoral, al Poder Judicial Federal, destruyó la democracia que ellos construyeron a lo largo de 36 años y los dictadores amenazan con gobernar una eternidad.

En el mundo virtual de la ultraderecha, Donald Trump no es un dictador, no es un pedófilo, no es un genocida, tampoco es un ladrón y secuestrador: es un héroe salvador. Por eso todos los días viajan a Estados Unidos para rogarle que invada México, que se lleve presos a AMLO y a Claudia Sheinbaum, que ponga a los de la derecha a gobernar para que reinstalen la democracia.

Por vivir en ese mundo creado por lo que desean, los periodistas no se han percatado de que los tiempos del PRIAN ya se acabaron y de que ellos ya no son el cuarto poder.

Las “pruebas” sin pruebas

Por ello, la gente que vive de este lado se extraña cuando los escucha afirmar, sin presentar pruebas, que tal persona es culpable de corrupción y que debe ser encarcelada y hasta extraditada a Estados Unidos.

El caso Andy. Cuando Andrés Manuel López Obrador fue presidente, dio un cargo honorífico en la construcción del Tren Maya a su hijo Andrés Manuel López Beltrán, al que la prensa le endilgó el sobrenombre de “Andy”. Andrés Manuel nunca intervino en las operaciones de construcción; su trabajo consistía en observar y nada más. Sin embargo, los malquerientes de AMLO escarbaron y hallaron que un hombre llamado Jorge Amílcar tenía un contrato para acarrear balastro y, en una de sus conversaciones telefónicas, dijo ser amigo de “Andy” (así, sin nombres ni apellidos) e interpretaron que se trataba del hijo de AMLO.

Los periodistas rascaron en los antecedentes de Jorge Amílcar Olán; nada hallaron, pero continuaron llamándolo corrupto y, por extensión, también al hijo de AMLO.

El caso La Barredora. En Tabasco ocurrió que Adán Augusto López Hernández fue gobernador y nombró a Hernán Bermúdez Requena como secretario de Seguridad Ciudadana. Se descubrió que era líder de una banda criminal llamada La Barredora y que esta tenía ligas con el Cártel Jalisco Nueva Generación. Se aprehendió a Bermúdez Requena en Paraguay, y los periodistas de derecha dijeron que Adán Augusto López y AMLO deberían comenzar a temblar porque serían denunciados como jefes del cártel La Barredora.

El caso “El Tanque”. En días recientes se detuvo a Iván Casarín Molina, alias “El Tanque”. Se le detuvo a bordo de una camioneta con valor de cuatro millones de pesos. “El Tanque” está acusado de ser parte del CJNG y se escribió que fue el conducto de Bermúdez Requena con “El Mencho”.

La lógica del delirio

Entonces: porque AMLO es de Tabasco y apoyó a Adán Augusto López Hernández para que fuera gobernador de Tabasco, y este hizo secretario de Seguridad al jefe de La Barredora, y La Barredora estaba ligada al CJNG, y atraparon a “El Tanque”, entonces —según los periodistas de ultraderecha—, AMLO y sus hijos deben temblar porque “El Tanque” va a denunciarlos como parte del CJNG.

Desde 2023 hasta 2026, algunos periodistas se presentan en la Conferencia del Pueblo para preguntar por qué no se ha abierto un expediente de investigación contra AMLO y sus hijos, por qué no se ha detenido y extraditado al que llaman “Andy” si él y su padre son señalados como corruptos por muchos periodistas.

La presidenta del país les ha respondido siempre que no es suficiente con que lo digan algunos periódicos o se repita en las redes sociales para que los señalados sean culpables, porque contra el presidente AMLO y sus hijos no hay pruebas.

Pero esos periodistas, que se aferran a las verdades de su mundo inventado, continúan presentándose en la Conferencia del Pueblo para volver a preguntar por qué no se encarcela y extradita a “Andy”, si muchos publican diariamente que es culpable.


Columna de opinión de Mario Alberto Gálvez. Si le gusta esta publicación, dale Me Gusta, comenta o compártela; los que elaboramos la columna Mi Opinión se lo agradecemos.

Mario Alberto Galvez

Columnista de opinión. Autor de la columna «Mi Opinión» en Microfono.mx

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